El
Destino del Salmón
de Juan Arturo Terán y Mendoza
John Kalavera
La
poesía es una simbolización. Una representatividad. Una alegoría del ser y sus
batallas. Imágenes pletóricas de vivencias en que la vida nos exige meternos en
esa dinámica costumbrista, ceñida y
moldeada al paso de los años. El ser
ambiciona, denota su impotencia y coraje —y otro cúmulo de sensaciones— de
luchar contra la indiferencia. Arturo Terán mira el mundo y se conduele. Mira
su vida y explota ante ese vacío provocado por la inconformidad. El escaso diálogo que provoca el mundo
moderno. Algo ya padecido antes del facebook y otras suertes de conectividad
virtual. Plataformas que esconden nuestra doble moral y el equivocado mundo de las apariencias.
En todo momento la alegoría del salmón se transfigura en cada poema,
en cada tópico. Imágenes bien construidas y expresadas con fuerza. El Destino
del Salmón es el regodeo de la palabra y que en sí misma se vuelve importante
para nombrar, transfigurar la experiencia, lo errático e insondable de la
condición humana y sus vericuetos: la soledad, el amor, la poesía inacabada, el
fracaso en la figura del hombre. O mujer. Atisbando su propio infierno, la
paradoja de su propia existencia.
Observar el / al mundo. Y así mismo. Un poeta /Arturo/ que sueña
realidades conjugadas con el desaliento de la realidad. ¿Puede ser esto una
motivación para filosofar / entender el “mecanismo” existencial del ser? Un afán de decir todo, o
por lo menos, mentarle su madre al mundo, y expresar: aquí estoy. En que la memoria juega un arma de doble
filo: no olvidar para permanecer. ¿O adolecer?
La ironía caustica y fina en que la culpa muerde —como un perro
hambriento— los pocos momentos de paz. Como burla de sí mismo. Versos que remiten mediante guiños a la
poesía de Wislawa Szimborszka. A Abigael Bohórquez. Y otros tantos.
La poética
de Arturo Terán nos sitúa de pronto en la
travesía del transporte urbano, el caminar en la calle, el recuerdo de las
andanzas junto/frente al otro. Acaso los resabios manifestados en este vaivén /
ritmo que nos produce vivir en la metrópoli. Aunque El Destino del Salmón no
puede interpretarse como una generalidad del ser humano, aquellos que saben
cómo remar a contracorriente, sabrán de lo habla Terán.
Arturo
Terán y Mendoza tiene la suerte —escritura y mirada incansable— de labrar un
poemario a punta de un quehacer bien logrado. Lectura sin complicaciones.
Crítica de (a) lo cotidiano. A lo
“políticamente correcto”. Relato de lo vivencial con imágenes de una ternura
descarnada. Poema donde ese bregar es una constante. Y si la poética fuese un afán
que no todos pueden ejercer bien, Arturo Terán da pasos firmes. Por momentos
asume la vergüenza para hacer frente a las cosas. En otros, la convicción es plena
convención (institucional), tal y como es el ejercicio literario pagado por el
Estado; crítica hacia la consecución de la fama efímera, casi rasguñada. Con
estilo casi “hablado metafóricamente”. Acaso habrá de reprocharle que algunos
poemas expresan poca uniformidad con la idea general y particular del mismo y
de repente, ciertas figuras no terminan de cuajar o armar bien el andamiaje. Pero
eso no es problema cuando hay una rabiosa crítica al status quo, a todas esas
manifestaciones que se profesan y envician la fragilidad de los sujetos
pensantes.
Muchas
veces se ha dicho si la poesía tiene una función social —si de querer
posicionar los acontecimientos y/o problemáticas del país se tratara y tantas
veces cayendo en lo panfletario—, sin embargo, ¿no es toda esa parafernalia del
mundo actual la que nos lleva a un estado de inconsciencia e indiferencia lo
que retrata la putrefacción de realidades cada vez menos humanistas?
La poesía
de Terán y Mendoza es un grito y un puño levantado (lo menciona: repito lo
dicho para quien tenga oídos, Y ese reclamo fundacional, retomado, expresa la influencia "inconsciente" en lo casi biblíco: "quien quiera escuchar que escuche", y también escrito por César Vallejo: "el que pueda entender que entienda").
30 poemas, cinco apartados. Es reclamo al
olvido, una crítica al star system, al cansancio que generan las situaciones en vías de logros pocas veces
conseguidos. Quizá la lucha contra sí mismo es la propia corriente a la que hay
que bregar. Como el salmón que no rehuye a su propia naturaleza.
He
aquí algunos fragmentos del poemario:
“Se
parte en la búsqueda de los ausentes,
quienes
trazaron el camino sobre el agua
y
buscaron antes que nosotros
la
asfixia del aire:
los
ausentes del olvido en las cavernas ideológicas,
creadores
de artilugios simbólicos,
los
sin sentido a destiempo,
aunque
este tiempo sea el cruelmente más inmediato,
el
inmediatamente más cercano, el cercanamente vivido.”
“Soy
un tonto que se mece
sobre
sus propios sueños de pez,
encolerizado
por una entrega pasionaria
tan
grande como la desdicha
de
una huida que no convence.”
“Pero
algunos más creen que hacemos poesía, que los
poetas
tenemos el don de comunicarnos con Dios.
Yo
solo quiero hacerme escuchar en el baldío y
llamar
la atención sobre la situación de los pájaros
que
emigran sin destino ”
“como
en un cuento de hadas,
la
incertidumbre es moraleja,
mortaja
de historias que alguien,
en
un impreciso momento,
deberá
escribir para permanecer”
Terán
y Mendoza, Arturo. El destino del salmón.
Ed. Fridaura, 2007.
Imagen tomada de:
http://i203.photobucket.com/albums/aa303/fridaura/PORTADATERANBLOG.jpg

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