miércoles, 17 de febrero de 2016

El Destino del Salmón


El Destino del Salmón 
de Juan Arturo Terán y Mendoza

John Kalavera









La poesía es una simbolización. Una representatividad. Una alegoría del ser y sus batallas. Imágenes pletóricas de vivencias en que la vida nos exige meternos en esa dinámica costumbrista,  ceñida y moldeada al paso de los años.  El ser ambiciona, denota su impotencia y coraje —y otro cúmulo de sensaciones— de luchar contra la indiferencia. Arturo Terán mira el mundo y se conduele. Mira su vida y explota ante ese vacío provocado por la inconformidad.  El escaso diálogo que provoca el mundo moderno. Algo ya padecido antes del facebook y otras suertes de conectividad virtual. Plataformas que esconden nuestra doble moral y el equivocado mundo de las apariencias. 

     En todo momento la alegoría del salmón se transfigura en cada poema, en cada tópico. Imágenes bien construidas y expresadas con fuerza. El Destino del Salmón es el regodeo de la palabra y que en sí misma se vuelve importante para nombrar, transfigurar la experiencia, lo errático e insondable de la condición humana y sus vericuetos: la soledad, el amor, la poesía inacabada, el fracaso en la figura del hombre. O mujer. Atisbando su propio infierno, la paradoja de su propia existencia.  Observar el / al mundo. Y así mismo. Un poeta /Arturo/ que sueña realidades conjugadas con el desaliento de la realidad. ¿Puede ser esto una motivación para filosofar / entender el “mecanismo”  existencial del ser? Un afán de decir todo, o por lo menos, mentarle su madre al mundo, y expresar: aquí estoy.  En que la memoria juega un arma de doble filo: no olvidar para permanecer. ¿O adolecer?  La ironía caustica y fina en que la culpa muerde —como un perro hambriento— los pocos momentos de paz. Como burla de sí mismo.  Versos que remiten mediante guiños a la poesía de Wislawa Szimborszka. A Abigael Bohórquez. Y otros tantos. 

     La poética de Arturo Terán  nos sitúa de pronto en la travesía del transporte urbano, el caminar en la calle, el recuerdo de las andanzas junto/frente al otro. Acaso los resabios manifestados en este vaivén / ritmo que nos produce vivir en la metrópoli. Aunque El Destino del Salmón no puede interpretarse como una generalidad del ser humano, aquellos que saben cómo remar a contracorriente, sabrán de lo habla Terán.


     Arturo Terán y Mendoza tiene la suerte —escritura y mirada incansable— de labrar un poemario a punta de un quehacer bien logrado. Lectura sin complicaciones. Crítica de  (a) lo cotidiano. A lo “políticamente correcto”. Relato de lo vivencial con imágenes de una ternura descarnada. Poema donde ese bregar es una constante. Y si la poética fuese un afán que no todos pueden ejercer bien, Arturo Terán da pasos firmes. Por momentos asume la vergüenza para hacer frente a las cosas.  En otros, la convicción es plena convención (institucional), tal y como es el ejercicio literario pagado por el Estado; crítica hacia la consecución de la fama efímera, casi rasguñada. Con estilo casi “hablado metafóricamente”. Acaso habrá de reprocharle que algunos poemas expresan poca uniformidad con la idea general y particular del mismo y de repente, ciertas figuras no terminan de cuajar o armar bien el andamiaje. Pero eso no es  problema cuando hay una rabiosa crítica al status quo, a todas esas manifestaciones que se profesan y envician la fragilidad de los sujetos pensantes.

     Muchas veces se ha dicho si la poesía tiene una función social —si de querer posicionar los acontecimientos y/o problemáticas del país se tratara y tantas veces cayendo en lo panfletario—, sin embargo, ¿no es toda esa parafernalia del mundo actual la que nos lleva a un estado de inconsciencia e indiferencia lo que retrata la putrefacción de realidades cada vez menos humanistas? 

     La poesía de Terán y Mendoza es un grito y un puño levantado (lo menciona: repito lo dicho para quien tenga oídos, Y ese reclamo fundacional, retomado, expresa la influencia "inconsciente" en lo casi biblíco: "quien quiera escuchar que escuche", y también escrito por  César Vallejo: "el que pueda entender que entienda"). 

     30 poemas, cinco apartados. Es reclamo al olvido, una crítica al star system, al cansancio que generan las  situaciones en vías de logros pocas veces conseguidos. Quizá la lucha contra sí mismo es la propia corriente a la que hay que bregar. Como el salmón que no rehuye a su propia naturaleza.



     He aquí algunos fragmentos del poemario:



“Se parte en la búsqueda de los ausentes,
quienes trazaron el camino sobre el agua
y buscaron antes que nosotros
la asfixia del aire:
los ausentes del olvido en las cavernas ideológicas,
creadores de artilugios simbólicos,
los sin sentido a destiempo,
aunque este tiempo sea el cruelmente más inmediato,
el inmediatamente más cercano, el cercanamente vivido.”

 



“Soy un tonto que se mece
sobre sus propios sueños de pez,
encolerizado por una entrega pasionaria
tan grande como la desdicha
de una huida que no convence.”

 



“Pero algunos más creen que hacemos poesía, que los
poetas tenemos el don de comunicarnos con Dios.
Yo solo quiero hacerme escuchar en el baldío y
llamar la atención sobre la situación de los pájaros
que emigran sin destino ”
“como en un cuento de hadas,
la incertidumbre es moraleja,
mortaja de historias que alguien,
en un impreciso momento,
deberá escribir para permanecer”
 




Terán y Mendoza, Arturo. El destino del salmón. Ed. Fridaura, 2007.

Imagen tomada de:
http://i203.photobucket.com/albums/aa303/fridaura/PORTADATERANBLOG.jpg