John Kalavera
¿Conocen a Guillermo
Vega Zaragoza? Es probable que no. Escribo esto porque he leído un poemario de
él: Sinsaber. Y es bueno. Paulatinamente va encontrando luz en la mirada de los
lectores. Es posible que el autor no necesite de estas palabras, pero es justo
mencionar su ejercicio poético. Nos sorprende
y hace mirar al interior de nosotros. Su obra tiene la curiosidad de un
gato, del amante insospechado que no termina por decir las cosas. Sinsaber nos
muestra tres elementos, ejes que abren el diálogo sobre la condición humana: la
memoria, el amor/desamor y el acto de escribir en torno a la figura de la
mujer. Y nos muestra a un hombre —que podemos ser nosotros— condenado al
estrepitoso fracaso. Bastará elegir cualquiera de sus textos para reconocerse. Una
provocación a la vida y a la poesía. Que nos salva. O nos condena. Está el
amor, sus causas y efectos. La pasión no correspondida. El deseo ensimismado en
los andares que nos hacen endebles en la práctica. Es la visión hacia el cuerpo
de la mujer y la fatalidad al no poder poseerla. De la batalla que se libra
existencialmente. Del madrazo de la certidumbre (que es lo peor). Es el anhelo
y el desdoblamiento que hay del uno ante el otro. Del nombramiento de los
instantes. En Sinsaber hay distancia, encuentro, aprehensión, abandono, lluvia,
fuego, desvelo, caricia, placer, espera, silencios, tropiezos. Hay ausencia y
presencia. La cadencia del corazón y la sangre. Es una ruta de exploración que
ya hemos recorrido. Tiene un hilo sostenido por el ritmo de la ternura e
inocencia disfrazadas de perversidad. Miedo a tener y no tener.
En Sinsaber la mayoría de los textos son afortunados. Sabe a
Sabines —(…) los amorosos andan como locos, no esperan nada, pero esperan (…)— “el
amor toca nuestras cabezas con su pesada mano y nos hace voltear a cada lado de
la calle, como locos, nadie sabe qué, pero buscando”.
No hay nada que explicar, sino entender lo que se lee,
porque eso está en la experiencia de cada quien. Estamos expuestos a la vida.
Al amor. Al fracaso. Y por ende, a recordarlo. Hay ese erotismo —como un animal—
que abre su panóptico ojo y lo abarca todo. Pero está doblegado ante el cuerpo
de la mujer; de la hembra que domina al macho. Y el alma, no solo es el ser,
sino el lugar dimensionado por inquietudes y fantasmas.
Poemas de fácil lectura, claro y de una aparente sencillez,
y de una concritud que nos lleva de pasajes a paisajes con su erotismo bien
cuidado. Los remates de cada poema son casi sentencias. Es un juego de
dicotomías. La ambivalencia de lo existencial. Un ajuste de cuentas con la
vida. Y es de alguna manera, inédito, pues no ha sido publicado por editorial
alguna, y ha sido el creador, el responsable de su tiraje: 500 ejemplares. Una
edición fuera de comercio. En tiempos tan competidos de la industria editorial es loable ver esfuerzos como estos. Si llegan a encontrarlo, pídanle Sinsaber, que les comparta el libro. Su obra merece ser leída: es el resplandor que te indica haber
llegado a ese sitio sin fin. Como asomarse al filo del desfiladero.
Les comparto una muestra de ello:
1)
Te invito a recorrer la
carretera infinita. / Te ofrezco la incandescencia de mis brazos. / Déjate ir,
aunque te pierdas / estás segura en el jardín de mi pecho.
2)
Yo iría tras de ti /
como el abismo / llama al suicida.
3)
Me maldigo / por no ser
digno / de la bendición de tu talle.
4)
Ahora que estás lejos / no
sabes de los cuerpos que miro, / de este culpable vaivén de senos y caderas. / Pero
nunca podré traicionarte: / eres la mujer de todos los cuerpos que deseo.
(1) Imágenes tomadas de:
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEie4mLb3iQ4fj_QoH7mQawDPdV3yMmmKymKaSoeL72huraZNUHLXztWOwZHqDIzd_w2Q-88DdrjFDsKkQjJVJpw-g1f7sxgvYjKrryCpqg-b2moaFNznCpNDSsEe2hLxyDhgZj5FMIqX5g/s1600/PORTADA+SINSABER.jpg
http://2.bp.blogspot.com/OTe5rb9BsUg/VW2zM1ivS7I/AAAAAAAAF0U/JSxhlKvRKyY/s1600/guillermovega_1305633528_57.jpg


El autor es, sin duda, un gran escritor que poco a poco está ganando los espacios que merecen sus cuentos, ensayos, reseñas y poemas, que van de lo sesudo a lo visceral, pero siempre teñidos del frío e infinito sentido de la búsqueda.
ResponderEliminarDe acuerdo contigo, Ricardo Rodríguez Inda. El trabajo de Guillermo habla, se defiende por sí mismo.
ResponderEliminarSaludos.