LA SEMILLA DESNUDA
John Kalavera
N
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unca piensas en
lo que te sorprende. Y lo que buscas nunca lo hallas cuando más lo necesitas. Mis
andanzas me llevan por los lugares más insospechados; me gusta la ciudad, su
gente, sus alrededores, porque a veces te encuentras con cada detalle que te
hace el día. Por ejemplo, a mi me gusta recorrer los tianguis para ver qué
cosas tan raras agradan mi mirada. Por eso cuando vi ese libro no le regatee
los treinta pesos a la mujer que lo vendía entre un mar de polvo, en Valle de
Chalco. ¿Quién va preparado para
encontrarse con el destino? Es como tomar al toro por los cuernos y luchar
contra esa fuerza inevitable y brutal.
Carajo. Un libro de poesía. Tenerlo ahí
era un insulto hasta para los mismos poetas. Un libro cuidado, nuevo, salvo por
unas manchas en la pasta. Lo levanté. Abrí la cuarta de forros y leí en su
última página el año: noviembre de 2010. Más aún, en el índice me encuentro el
nombre de un conocido —me reservo el nombre—. Hay poetas consagrados,
reconocidos y otros, que en mi vida había escuchado mentar. Se dice que “la
cantidad de poetas es impresionante (…) Triste situación que, sin embargo,
exigen ser reconocidos por su comunidad “.
Y por si fuera poco, estos son más que los lectores. Pero me sentí
contento cuando lo tuve en mis manos y de inmediato comencé a leerlo.
Poesía viva de México, dice en la portada
del libro[1].
¿Y qué hay adentro? Un poeta es un hombre. O una mujer, con la carne viva, con
el alma cayéndose a pedazos. Uno se imagina al poeta dentro de su propio texto;
estos alarifes de la palabra recorren la figura del juglar y nos narran las
sombras, la luz, el color de la emoción y el sonido de frases desparramadas
como lluvia sobre el silencio. Porque un poema es un espejo y una voz. Lo
notamos de inmediato. Entonces el lector y el poeta se sincronizan en un tiempo
desconocido para ambos. El espacio de encuentro es ese puente entre la
escritura y la lectura que no sabemos cuándo vaya a ocurrir cruzarlo. Y, si en
ese momento los trastornes van de golpe, todos —o por lo menos algo mínimo—,
mueve la sangre y el corazón en este sendero que resplandece de poesía; y es
que ese poeta, que ha escrito, a veces sin mayor logro que haber podido
terminar tan sólo ese texto, no necesita de la inspiración sino del trabajo en
que notamos su experiencia en la vida. Sin menoscabo, cada verso es la vida
misma, y son los años en que la óptica, los ojos del (la) poeta son un
receptáculo y el espejo vivo de su escritura. En 90 poetas, 90 poemas son a la
vez lo cierto: una geografía del país donde este libro es un poema de sí mismo, y sus coordenadas son todas y cada una de sus voces.
La intención de los compiladores fue
homenajear a la poesía, si se logró o no, eso es lo de menos. Cada cual con su
estilo ejercita este noble oficio, tal vez con el arrojo de un suicida. ¿De
verdad habrá a alguien que le importe? Algo se tiene que decir. Entonces, ¿para
qué jodidos sirve la poesía? Cada palabra es una semilla nuestra en el alma y
hay que cobijarla con la tierra misma que es nuestra carne desnuda. La poesía
no es otra cosa que destino, aseguraba el maestro Sabines. Un escritor, un
poeta tiene la imperiosa necesidad de abordar la realidad y nombrarla. Yo por
eso escribí estas líneas, porque no aguanté las ganas de hacerlo. A lo mejor —quien
quita y— alguien las lee y si no, dejémosle la tarea a quien sabe hacerlo:
NUNCA SERÁS SOMBRA
(Fragmento)
Lizbeth Padilla
Qué hora
escogerá mi padre para morir / con qué sencillo gesto levantará la sábana para
cubrir su rostro /eternamente /con qué descuido soltará las manos /de cuál
rincón de casa robará la primera oscuridad /engendrada al cabo de ochenta años
para posarla en sus ojos /como bálsamo /cuándo vendrá a entregarme sus memorias
/para que yo despliegue frente a Andrés la fina hechura de sus /frases (…)
EL SEÑOR LICENCIADO
Salvador Alcocer
(Fragmento)
Se pone triste.
/Duerme en una cama; /es un héroe condecorado /hasta las nalgas. /Cree que lo que hace /tiene mucha
importancia. /Limpia sus alas de petate. /Sostiene el día, /deja caer la noche.
/Compra la botella y se mete a su casa. /Es tan valiente /que dictar una
sentencia de muerte /para él no es nada. /Dice que la ley lo justifica todo. /Camina
con paso de influyente. /Ya está hinchado por los años. /Algunos despistados le
dicen maestro. /Hace declaraciones en el periódico, /condenando al garrote a los
comunistas. /Mañana tendrá su nombre una calle…
PARQUE EN DOMINGO
Juan Domingo
Argüelles
Aquí estamos
deseando a la mujer del prójimo, /palpándola con ansias, con las viscosas manos
/de nuestro pensamiento. Lamiéndola, furiosos, /con la lengua retráctil de
nuestra fantasía. /Aquí estamos creando la realidad sin más. /Quimeras son los
sueños: /nosotros nos soñamos, /conquistamos el mar, derrotamos al monstruo /y
el mundo a nuestros pies se transfigura /para entregarnos todo: el olvido y la
gloria. /No hay posible desprecio: sólo amor, /sólo entrega. /Y seguros del
mundo y de nosotros, /nos alejamos fuertes, seguros, victoriosos, /hasta que
sobrevenga el nuevo día /y el mundo se derrumbe /junto con nuestro orgullo, /y
luego sople el aire /y nos deshaga.
LLAMADO DEL HIJO
(Fragmento)
Dolores Castro
(…) /Bajo tu
cuerpo el mundo /rumoroso en la lucha. Suena amorosa flauta de mi sangre
/quiebra mi cuerpo, tierra, /para que pase. /Bella música el agua, /fiera
contra nosotros /y amorosa en su cauce. /Te daré lo que tengo: /este poco de
viento /que escapa entre mis dedos, /que es el dulce dolor /de estar viviendo.
XIII
(Fragmento)
Elsa Cross
Vine a estas
playas /para soñar tu cuerpo blanco /en un féretro. /Tus amantes /tendidas
contra tu pecho /decían adiós. /Ninguna emoción /ningún dolor tenía ante tu
muerte.
[1] García
Trejo, Porfirio. Santos Velázquez y Kuitlauak Macías, compiladores. La Semilla desnuda. 90 Poetas, 90 Poemas; Poesía
viva de México. Gobierno del Estado de México, Instituto Mexiquense de
Cultura, Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico del Estado
de México, Ediciones Poetas en Construcción A. C., México, 2010, 175 p.

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